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martes, 31 de enero de 2012

Mi amada libertad


Hoy no voy a escribir palabras,
que me consuelen, que me hagan reír.
Me tumbaré bajo el ciprés de la vida,
a esperar un rato, a olvidarme de mí.

Bajaré de la luna corriendo,
evitando que pasen los años.
Miraré el fuego sin tocarlo,
a ver si se quema este daño.

Por las noches me entra el temor,
me sudan los ojos, me llora el corazón.
Si en un descuido pierdo el control,
que alguien me ayude, busco el perdón.

Quizás baile con la tristeza,
quizás sea ella quien se muera de pena.
Surco el cielo con la mirada, buscando
otra mirada que surque, y me comprenda.

Y hace tiempo que dejé de seguir
el rastro de las cosas que curan el corazón.
Si olvidé el deseo, lo único que me queda,
es naufragar en el sentido, perder la razón.

Soy el fugitivo de una vida.
El reo de las condenas a muerte.
Quien quiera darme caza,
ánimo, y buena suerte ;)

jueves, 19 de enero de 2012

El asiento de los filósofos II


El tiempo se desliza entre las líneas que explican
el pensamiento de los hombres.
El sueños nos mantiene despiertos, mientras
una voz duda de que exista.
Las luces iluminan las paredes blancas,
que escuchan un discurso de
si la verdad es un error o el error es
conocer la verdad.

Descubrimos que somos imperfectos,
y por pensar nos critican, reflexionar.
Son los vicios del pensamiento mi
espina esta mañana, y de nuevo
la duda llega, me corroe, me
derrite las ganas de contar
este cuento de hombres, con
sabor a libertad.

Y aquí, sin que nadie vea lo que escribo,
sin que ojos ansiosos llenos de certeza
absorban estas líneas, poco a poco
descubro la verdad que me llena en
estas horas de pronto despertar y
mezquino sol asomado, que tengo sueño.

martes, 17 de enero de 2012

El sonido de los cristales rotos


[Choca mi reflejo contra un charco de agua estancada]

La vacía alma, marchita, desaparece,
se refugia en el cristal de la soledad,
donde observa unos ojos negros, casi muertos.

Piensa, y el pensamiento se desvanece,
mientras lanza la copa con rabia, allá,
donde el sonido de los cristales rotos
no pueda perturbar su silencio.

La música ha dejado de sonar,
la lámpara, de piel marrón, apagó
su último aliento, entre los suspiros
de los que temen la soledad.

El mar, impaciente, entra por la ventana.
Las páginas de un libro corren hasta
pararse en la última, donde tras un
breve verso de amor, la palabra
muere, como mueren los poetas, porque
la vida, no les dejó llorar su condena.

sábado, 14 de enero de 2012

En memoria de Alberto Asencio Gonzalvez


Alberto me mira sonriendo
desde el pasado, desde la memoria.

Alberto de los Ángeles, me recordaba
a aquellas personas que nacieron con
un objetivo claro, vivir la vida,
luchar por ella, amarla.
Me recordaba a esas personas
que no se dejan vencer, que
pelean su último aliento en
conseguir lo que se proponen,
que revocaban lo que el destino
les había impuesto.

Alberto Asencio me enseñaba a no
distinguir entre amigos y enemigos,
a quererlos a todos por igual, y
hacer de ese pequeño mundo interior
algo mucho más grande.

Alberto me enseñaba a ser
lo que soy, a llevar este nombre
con dignidad y honor, a saber
que por muchas penurias
que puedas pasar, sonreír
es la medicina que te puede
curar.


Alberto em mira somrient
des del passat, des de la memòria.

Alberto dels Ángeles, em recordava
a aquelles persones que van nàixer amb
un objectiu clar, viure la vida,
lluitar per ella, amar-la.
Em recordava a eixes persones
que no es deixen véncer,
que barallen el seu últim alé
a aconseguir el que es proposen,
que revocaven el que el destí
els havia imposat.

Alberto Asencio m'ensenyava
a no distingir entre amics i enemics,
a voler-los a tots per igual,
i fer d'eixe xicotet món interior
quelcom molt més gran.

Alberto m'ensenyava a ser
el que sóc, a portar este nom
amb dignitat i honor, a saber
que per moltes penúries que
pugues passar, somriure
és la medicina que et pot
curar.

sábado, 7 de enero de 2012

No pensar. Sentir.







Donde pueda confundir el cielo con la tierra, donde todas mis dudas se disipen, donde las cenizas del dolor sean arrastradas por el viento, donde pueda vivir en paz, allí estaré.

miércoles, 4 de enero de 2012

Las metáforas no duermen


Son los eternos sufrimientos de amor
mis montañas escarpadas,
mis desiertos secos y áridos,
mi viento en la cara.

Son los aullidos de la eterna soledad
un pozo sin fondo,
un lamento escrito y dejado,
un valle de lágrimas dormidas.

Son los inquebrantables horizontes
mis constantes dudas,
mis cordilleras alargadas,
mis mares desaparecidos.

Y es al cielo quien le pido perdón.
Nunca supe darme cuenta,
que quien lloraba de amor
eran las noches de luna llena.

Y es al cielo quien le imploro perdón,
desde aquí, donde las montañas,
llevan al triste poeta, sufridor,
a la luz, de las bellas mañanas.