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lunes, 2 de mayo de 2011

Lágrimas del cielo

Observa como a fuera está lloviendo.
Como el agua moja cada parte de tu cuerpo.
La lluvia incesante nos rodea y nos atrapa.


Escucha como las gotas caen sin recelo al vacío, para acabar, quien sabe.
En tu pelo, en tu rostro, en tus labios.


Son lágrimas del cielo, son llantos de ángeles,
son el preludio de un amanecer sin remedio, desnudo y cálido,
como tus ojos, como tu boca, como tu cuerpo.


A fuera está lloviendo lágrimas del cielo.
Siente el recorrido de las gotas por tu cuerpo.
Escucha el agua caer, escucha el llanto de la noche.
Siente tus ojos llover y las lágrimas en tus labios.

lunes, 18 de abril de 2011

Si en esta noche...

Si en esta noche no consigo dormir no será por mi culpa,
mi corazón de nuevo vuelve a llamar a la puerta,
me debo armar de las mejores palabras que tengo,
debo conseguir quitarme esta libertad que me encierra.

Aprender a fijarme en una sonrisa, una mirada.
En la luz reflejada en una playa desierta.
debo hallar lo que queda tras la lluvia,
Debo tumbarme y mirar el sol desde la hierba.

Debo quedarme para mirar los instantes
que en la vida se desean olvidar por penas,
los recuerdos falsos, las verdades de antes,
ya no son lo que eran, en mi puño y letra.

Debo apagar y quedarme solo en la oscuridad,
quiero ver por una noche el cielo y las estrellas,
que me inunde la soledad cuando no esté muerta,
que solo ilumine el claro, la luna llena.

Oigo el llanto de las hojas, del viento, del hombre.
quiero ver al verdugo de los poetas de primavera,
quiero sentir el alma, confundida y serena.
Debo saber que la culpa, no es mía esta noche.

martes, 12 de abril de 2011

Una balada de letras

Hoy me quería despertar de los sueños que no poseen fin,
de las historias que me persiguen, de los abrazos.
De las caricias, de las estrellas que me mienten.
De lo insensible que es un lápiz y un papel.
De los secretos que al oído se dejan contar.
De los milagros que la vida se deja en el camino.
De esos desiertos que recorro en la más profunda soledad.
De esos amores que se quieren y se dejan olvidar.
De esos besos con los ojos cerrados.
De esas miradas que en el fuego se hacen daño.
De esas poesías que son tuyas, o partes de ellas.
De esos ríos que con pena, abandonan la tierra.
De ese sin control, de ese destello de sombras.
De ese cuerpo que a mi lado, saboreo el cielo.
De esas noches que era vigilante desde tu alfombra.
De esas miradas que se quedan como el hielo.
De esa luna que sin piedad, ilumina las lagrimas de mi ventana.
De esas baladas que sin sus letras, los acordes matan poetas.
De esas voces que se asoman en cada amanecer.
De esos ojos que en la noche, me despiertan sin querer.

domingo, 10 de abril de 2011

A mis diecisiete

A mis diecisiete he decidido parar un momento en el camino de la vida porque como dijo Quino -¿uno va llevando la vida adelante o la vida se lo lleva a uno por delante?- y darme la vuelta para observar lo que llevo recorrido, buena metáfora esa del camino de la vida, real y verídica, como la vida misma. Y a lo largo del camino observo diversas cosas que como tal componen lo que viene a ser mi vida hasta ahora, momentos de pura alegría y felicidad mezclados con eternos momentos de tristeza, penas y cantares de melancolía.
Y así, desnudo e improvisado escribo esto para darme cuenta de que lo que llevo recorrido, que no es poco, y lo que me queda por recorrer, que espero que sea mucho, porque la vida es un misterio en donde debajo de cada piedra que hay en el camino te puedes encontrar lo inimaginable, lo inconcebible, lo extraordinario de vivir.

sábado, 2 de abril de 2011

Juego de codicia

Le miró a los ojos mientras se inclinaba sobre él, apoyada en la mesa, y con un suspiro le dijo todo lo que deseaba decirle después de tanto tiempo guardando silencio.

- Es eso ¿verdad?. Allí te sientes importante, allí eres alguien a quien respetan, tomas tú las decisiones y los demás las acatan, porque te tienen aprecio, te quieren y te consideran uno más de la familia, porque te lo has ganado, con confianza, con perseverancia, con un supuesto respeto. Pero sin embargo aquí no, aquí no has ganado, aquí no has conseguido lo que querías, lo que pretendías, porque no has sabido aceptar las reglas del juego. Con el tiempo te vuelves codicioso, ambicioso, no tienes nada aquí porque no has sabido jugar tus cartas correctamente. Has tenido oportunidades, oportunidades que has rechazado, que has roto con tu avaricia. Sientes que no eres nadie y prefieres irte a donde te respeten. Eso no es así y lo sabes, aquí uno no es más que el otro, aquí todos jugamos en el mismo bando, aquí todos somos iguales y hemos sabido aceptarlo, pero tú no, y por eso te has ido-

La chica se volvió a recostar en su silla, cogió el vaso que estaba apoyado en la mesa y se lo llevó a la boca, luego, con ojos observadores, vio al chico que estaba sentado en la otra silla, tenía el rostro serio y la mirada disuelta en el ambiente, sin saber a donde mirar, cualquier sitio, menos a ella. La chica dejo asomar una pequeña sonrisa por la comisura de sus labios, había dado en el blanco, y él lo sabía. 

lunes, 28 de marzo de 2011

Viejo lobo de mar

Marinero, para ti será tierra:
proa, popa, nostalgia y pena.
Marinero, para ti será libertad
el horizonte y mucho más.

Mientras el abrazo del amor
rodee los siete mares,
tú siempre estarás al lado,
de las sirenas y sus cantares.

Marinero, ¿que echará en falta?,
calor del cuerpo de su amada.
Marinero, que susurras al agua,
llorar gotas, son lágrimas.

El mar se confunde con el cielo,
el cielo cambiará de color,
cuando la noche refleje,
destellos de amor.

Marinero, tranquilo, que volverás.
Algún día, tierra firme gritarás.
Marinero, que te oiga cantar,
tu amada, que en el puerto esperará.

sábado, 26 de marzo de 2011

La rosa de la noche

Tal vez esta historia debería empezar con una canción de estas que tienen un buen ritmo pero lenta, que suene bien y que diga mucho de ella, pero como al escribir solo es posible imaginársela, con un poco de ingenuidad saldrá sola de la cabeza. Porque como toda historia, debe tener algo al lado para acompañarla y esta le pega una canción...
Hace tiempo que quería rememorar esta historia que cuando la viví me dije- por favor no la olvides por que merece la pena recordarla-, y es una anécdota, más bien, en la que la mayor parte de ella se centra en la lucha que tuve yo conmigo mismo en mi interior para resolver el conflicto entre las reflexiones y deducciones. Cierto día, volvía a casa de una noche de juerga con los amigos, a mitad de camino me tropecé con alguien que podría ser una persona más como las que caminaban a mi lado, pero sin embargo, algo me llamo la atención. No se si era un sueño o un espejismo pero parecía tan real que no tuve más remedio que creerme lo que vi, era una chica joven, de alma alegre y sonrisa en los labios, llevaba una coleta y miraba fijamente al frente, ni siquiera estaba atenta a lo que observaba, estaba más atenta de sus propios pensamientos, pero lo que más me llamó la atención de ella fue su guitarra, que colgaba a la espalda bien sujeta como si ya fuera parte de ella, y su mano izquierda, que sujetaba con cariño un objeto, pues siendo no tan común lo que vi me quedé pasmado mirando aquel objeto que sostenía con tanto cariño dando la sensación de no querer apretarlo demasiado fuerte, sin querer asfixiarlo. Mirando con más atención ese objeto, me percaté de que era una rosa, una rosa roja, sin espinas y tan hermosa como la chica que la llevaba. Entonces pensé, que historia tendría que contar, que cosas ocurrieron para que en ese momento, en esa noche, yo me encontrará con una situación tan curiosa, una rosa en la mano y en la espalda una guitarra. Me hubiese encantado conocer su historia pero ella tenía su propio camino y yo el mío. Así que lo último que me quedó de ella es esa expresión de inconfundible felicidad reflejada en su cara y la preciosa rosa que sujetaba en la mano.

jueves, 10 de marzo de 2011

Pudieron soñar...

Tan solo fallaron miles de amores,
que cada día se fueron quemando.
Tan solo se quedaron a solas,
las noches que murieron temprano.

Se dejaron soñar las estrellas,
se quisieron besar con el mar,
cayendo lentamente en el cielo,
eterno y efímero, las hacía esperar.

Ahogados los amaneceres,
olvidados los rayos del sol,
cesaron de iluminar los pasos,
que guiaban al amor.

Tan solo perdieron
los días de invierno.
Tan solo quisieron
un beso de esos.

jueves, 24 de febrero de 2011

Un sentimiento inoportuno

Un tema soberbio y ya bastante viejo recorre los oídos de las gentes de todo el mundo en estos días de desconcierto y perplejidad. En las calles se habla de él, en las casa se comenta y se abren debates extensos con preguntas y sus respectivas respuestas bien afiladas. Un tema que ahonda en lo más profundo de nosotros cuando aprisionados nos sentimos por una razón o varias.

Ha vuelto a la boca de todos, ha vuelto lo que creí que se daba por extinguido y abandonado en el olvido, lo que creí perder cuando con un movimiento de cabeza aceptábamos lo que nos imponían y así acabábamos, malgastando nuestras vidas.
Hablo, pues, de la Libertad, eso que para algunos se traduce como un sentimiento inoportuno de rebeldía e inconformismo y para otros la inscripción en sus corazones de todos los derechos que conciernen a toda la humanidad. Tal vez ahora, y no hace medio siglo, se pueda decir que vivimos con una libertad a la orden del día. Pero, ¿cuánta libertad llegamos a tener?, pues pienso que perdemos un poco de ella cada mañana al despertar, cada medio día estés donde estés y cada noche, por la interminable lucha contra las adversidades y tropiezos de la vida. 

lunes, 21 de febrero de 2011

49

Mi mirada encontró
subido en el autobús,
esos ojos
difuminados en el cielo azul.

Sin poder evitarlo
me senté a su lado,
y me quede mirando
ese largo pelo, estrellado.

Y tú tan solemne
mirando por la ventana,
absorta en tu mundo
esperando ser amada.

Que buscaba en tu mirada
mi mirada ya enamorada,
tal vez perderse en tus ojos
sin querer ser rescatada.

Que hubiera dado yo
por saber solo tú nombre,
que lastima de mí
que no supe ser un hombre.

En la parada, tu bajaste
y yo pensando me quedé,
“miradas que nunca,
que nunca se llegaron a ver”.

lunes, 14 de febrero de 2011

Inevitable, como la muerte.

Inquietante la situación que se te puede llegar a plantear en un autobús, un sábado por la mañana, habiendo tomado lo suficiente para estar activo todo el día. Aclarar que todo lo tomado entraba dentro del ya conocido marco legal, ese que si le dejas unos años va disminuyendo de tamaño hasta que cosas tan insignificantes, el hacerlo, entrarías a formar parte del selecto club del Top Ten  “Enemigos Públicos”.
Dispuesto a pasar un día memorable, monté en el autobús sabiendo a donde iba, pero sin saber donde debía parar. Así que, ingenuo de mi, le pregunté al conductor cuál era la última parada, él, con una voz bronca y seca, que parece haber lamido todo un desierto, me contestó de forma indiferente
-el cementerio-.
Y allí, como una estatua de las que coronan los rascacielos más altos, me quedé paralizado. Un frenesí de palabras, mezcladas con imágenes, un coctel que marea bastante, pasaban corriendo por mi mente, dejando una huella imborrable. Y en aquel momento, solo se me ocurrió pensar lo corta que es la vida, lo efímera que es, que en una hora de viaje te basta para vivirla. Ya en marcha, y yo sentado en la parte de atrás, el autobús recorría sin prisa, sin ánimo de lucro, las fantasmagóricas calles en esa mañana de invierno primaveral. En mis pequeños ojos se podía leer perfectamente la reflexión que se escribía en mi cabeza, -¿la última parada?- el cementerio, inevitable, como la muerte.
Así de corta aparenta ser la vida que en un pestañeo, te ves ya metido en el ataúd donde descansaras eternamente de todas las palizas recibidas a lo largo de tus X años de existencia. ¿La última parada?, curiosa y irremediable, como la muerte.



sábado, 12 de febrero de 2011

Días solitarios

Tus ojos me dijeron que valía la pena
luchar, sufrir, por esta condena.
Tus manos me prohibieron
tocar tu alma, llevarme tu corazón,
mirarte a la cara y decirte con una mirada,
que valía la pena tu cuento de hadas.

Le hablaré a las madrugadas,
que cada mañana te despierten,
les diré que te pongan una sonrisa,
Les diré que me permitas verte.
Necesito cuidar el alma, que dejaste sola.
Necesito saber que la vida, no está rota.

Dejaré que los recuerdos se los lleve el viento
que se pierdan, que desaparezcan por el cielo,
entre las nubes se dejen posar y ver el azul.
Y en este profundo baile de sentimientos,
en este pequeño mundo oscuro y viejo,
ante mis ojos, la sonrisa, seas tú.